Es el humor de quien navega el que da forma al mar que le rodea,,,

Si sonríes el continuo venir de las olas, la mirada perdida entre la proa y el horizonte, lo conocerás de abajo arriba: entre las amuras empeñadas en embestirlo, tras el tambor del enrollador, más allá de los catavientos de los obenques, en los rociones que embarca la proa,,,

Si navegas con el mentón apoyado en el pecho, las manos en la rueda con las uñas clavadas en las palmas, tu mirada quedará atrapada en la bañera, en el enredo de los cabos, en la aleta de sotavento, en la espuma bajo la obra muerta, en lo oscuro de su profundidad,,, 

No puedo decir que un aspecto del mar sea más verdadero que el otro, pero del mar de arriba oyes hablar sobre todo a quien lo recuerda hundido en el mar de abajo, reviviendo todos los días los mismos malos ratos y encontrando cada mañana el mal humor del día anterior incrustado en la estela de su barco,,,

Para muchos navegantes tarde o temprano,,, llega el día en que bajan la mirada a los cadenotes, a los mordedores de los cabos, a la electrónica que rodea la bitácora, a la bitácora misma,,, y no consiguen despegarla ya más del suelo de la bañera, de la teka desgastada, de la sika negra que se desmorona,,, 

No está excluido lo contrario, pero es más raro; por eso algunos seguimos navegando con la mirada puesta entre el horizonte y el cielo; entretenidos en atender el fortuito parloteo de las aves, empeñados en reconocer figuras en la forma que el azar y el viento dan a las nubes: un velero, una mano, un elefante,,, empeñados en encontrar oro oculto bajo tanta carroña,,,